EXCURSIÓN: VIAJE PRIMITIVO

Ya estamos de regreso de nuestro viaje ornitológico por tierras asturianas y gallegas siguiendo el trazado del Camino Primitivo de Santiago que discurre entre frondosos bosques de castaños, robles y pinares, e incluso eucaliptus que al llegar a Galicia se hicieron más que patentes.
Increíbles paisajes dominados por húmedas praderas verdes de las que hacían acopio numerosas vacas y que se transformaban con la altura en prados típicos de climas fríos como el del Puerto de Palos de 1400 metros y en el que tras una dura jornada de caminata pudimos disfrutar de un bando de preciosos Gorriones alpinos. Otras delicias del camino destacables para nosotros que vivimos en un clima tan diferente como el semiárido mediterráneo fueron el Camachuelo común, entre los bosques de castaños o los bandos de hasta unos 30 Zorzales reales ya en la provincia de La Coruña.
Eso sin nombrar a los Zorzales alirrojos que campaban por los jardines de un pueblo asturiano cuyo nombre no recuerdo, como si fueran gorriones comunes. En una de las últimas zonas algo elevadas y justo cuando dejábamos la provincia de Lugo, vimos una pareja de Escribanos cerillos jugueteando entre los árboles. Tambien llegando al final de la etapa reina bajando un puerto de montaña observamos dos verderones serranos, y para terminar con la última especie que nos sorprendió, el Carbonero palustre, visto por Agustín en una de sus incursiones en solitario por el bosque.

Esto fue lo que más nos sorprendió, entre los cientos de aves que vimos como, petirrojos, mirlos, cuervos, lavanderas blanca y cascadeña, gorriones comunes, mosquiteros comunes, tarabillas comunes, agateadores comunes (Norteños también?), mitos, herrerillos comunes, carboneros garrapinos, herrerillos capuchinos, gavilanes, ratoneros, cigüeñas blancas, buitres leonados, chovas piquirrojas, acentores comunes, que nos fueron acompañando en nuestro sufrido y a la vez maravilloso viaje aventura.
El madrugar y salir casi de noche en cada etapa también nos brindó momentos preciosos, sorprendiendo multitud de corzos, conejos o mustélidos, la puesta de un sapo comun o varios reptiles.
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Una experiencia que no faltó la lluvia, con esos recorridos enbarrados hasta las rodillas, dificultando la marcha o las duras subidas con ventiscas, nieve por todas partes, arriesgándonos a perdernos sin apenas visivilidad.
Pero recompensa de ello, la tierra nos brindaba sus mejores secretos, y es que no faltaron los manjares gastronómicos asturianos y gallegos, las sonrisas, las amistades imborrables, los sentimientos y el recuerdo.
Una aventura para repetir.

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